• Del lunfardo argentino y el Tango

    El odontólogo argentino residente en la provincia de León, España, César Tamborini Duca, es además escritor e investigador del lunfardo de los arrabales porteños.

     

     

    Ésta nota ha salido publicada en la Revista “Argentinos de León” de Febrero 2008, editada por la Asociación Argentina de León.
     
     Revista Argentinos de León, publicada por la Asociación Argentina de León, que integra a los residentes del país del Plata en la provincia española
     
     
    Con permiso, soy el tango
    que es guitarra de novia esquiva;
    soy el guapo que creció en el fango
    que es suburbio… y es farol en una esquina
     
    César Tamborini Duca, odontólogo y escritor argentino, que ha publicado en España "Che Lunfardiadas"
     
     
     
    Es innegable que al hablar de “tango” no podemos obviar mencionar el lunfardo; yo quiero transmitir a los lectores una interpretación personal -y creo que original- sobre el mismo. Porque cuando escuchamos hablar “en argentino” y a nuestros oídos llega una palabra incomprensible,
    la atribuimos al lunfardo y yo creo que -en la mayoría de los casos- se trata de lo que llamaríamos “lunfardiada” o “lenguaje coloquial argentino” (o, permítanme expresarlo así, “mester de lunfardía”).
     
    Nos queda así la incógnita de saber qué es cada cosa; o dicho de otro modo poner a cada uno en su sitio. Porque indudablemente el “lunfardo” no lo hablamos los argentinos, aunque por la
    fuerza de la costumbre denominamos así el lenguaje dialectal (y seguramente yo lo haré en más de una ocasión) y ese es el error que le achacaba Borges al Dr. Américo Castro, como veremos
    más adelante.
     
    El lunfardo “puro” proviene del lenguaje carcelario y de rufianes, como ocurre en la jerga española, en la germanía, en el argot francés; es idioma del hampa utilizado para comunicarse
    entre “reos” con la intención que los demás no lo entiendan, originado en los arrabales (los “orilleros”) y en la cárcel.
     
    En cambio el vocabulario dialectal argentino tiene sus raíces en el arcaísmo español que practicaban los trovadores y juglares, es decir en ese “mester de juglaría” que, ya desaparecido de la madre patria, arraigó en nuestras pampas y se deformó y enriqueció con el aporte de
    voces del mapudungu para dar lugar al nacimiento del “mester de gauchería”, ampliamente difundido en las plumas vernáculas de Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi, José Hernández, Estanislao del Campo.
     
    Ese “mester de gauchería” a su vez, al incorporar y enriquecerse con el aporte de voces carcelarias, es decir al incorporar el lunfardo, da origen al “mester de lunfardía” y como corolario al idioma dialectal argentino o “lunfardiada”. De ahí que se pueda trazar una línea directa –con las incorporaciones citadas entre el “mester de juglaría” y el “mester
    de lunfardía” o “lunfardiada”.
     
     
    La originalidad en el lenguaje dialectal de los argentinos hace que en muchas ocasiones se haga una transposición de sílabas colocando la pospuesta en primer término y viceversa: “vesre”,
    de lo cual constituye un ejemplo esta misma palabra que se origina en “revés”; otra es “timbo” (botín) aunque se cambia n por m, pero estas alteraciones son habituales pues funcionan mejor fonéticamente; en ocasiones los cambios son aún mayores que una sola letra.
     
     
    “Gomía” por amigo, se antepone la última sílaba y se pospone la primera, quedando la segunda en la posición que ocupa en la palabra original. Sería extenderse demasiado con más ejemplos que son innumerables, pero basta saber que hay una libertad de criterio absoluta para esta modalidad de ‘lunfardiada’, y que la costumbre del uso es la que hace perdurable determinada
    palabra. Con respecto a la necesidad de la existencia de la Academia Porteña del Lunfardo (o tal vez la que postuló como  “Academia del lenguaje coloquial de los Argentinos”) es de hacer notar que hasta Borges <autor que podemos considerar entre los más cultos>  la defiende y en alguna ocasión mostró su enfado con el Dr. Américo Castro por su libro “La peculiaridad lingüística rioplatense  y su sentido histórico” (Losada, Bs. As. 1941).
     
     
    Ese Borges incapaz de utilizar un cuchillo excepto para matar a Francisco Real (“El Corralero”) en la Esquina Rosada allá en su juventud, muerte que quedó debiendo gracias a la influencia
    del caudillo Nicanor Paredes que evitó tuviera que pagarla y a quien luego dedicaría
    una milonga; todo fue a causa de una calentura de muchacho, de hombre inmaduro, para acostarse con “La Lujanera” (pero eso ya es otra historia y les recomiendo la lectura de “Hombre de la Esquina Rosada” para conocer bien el tema).
     
     
    Ese Borges repito, se enoja muchísimo con Castro porque dice que para demostrar la corrupción del idioma en el Río de la Plata apela a la sofística y al candor; sin sospechar que los ejemplos
    que utiliza de Vacarezza, González Tuñón, Contursi, son caricaturales (“Con un feca con leche/ y una ensaimada/ vos te venís pal Centro/ de gran bacán”),  los declara “síntomas de una alteración grave”.
     
     
    Continúa diciendo Borges que salvo el lunfardo, que nadie sueña en parangonar con el exuberante caló de los españoles, no hay jergas en este país. Pone el ejemplo de una copla lunfarda:
     
     
    “El bacán le acanaló
    el escracho a la minushia;
    después espirajushió
    por temor a la canushia”.
     
     
    Advierte  que en el lenguaje corriente nadie pronuncia minushia (mina),  canushia (cana), espirajushiar (tomarse el espiro); y compara esa copla con otras transcriptas de Rafael Salillas (El delincuente español: su lenguaje, 1896)  agregando que según éstas y con igual criterio, habría que argumentar que en Madrid no quedan ya vestigios del español:
     
     
    “El minche de esa rumi
    dicen no tenela bales;
    los he dicaito yo,
    los tenela muy juncales…
    El chibel barba del breje
    menjindé a los burós:
    apincharé ararajay
    y menda la pirabó”.
     
     
    Que resultaría límpida la pobre copla lunfarda ante esta poderosa tiniebla.
     
     
    Entre otras cosas Borges aclara risueñamente que “este lector inexplicable de Carlos de la Púa y de Yacaré nos revela que “TAITA”, en arrabalero significa padre.”
     
     
     
    Hace unos años leí a una articulista de la revista dominical de un periódico refiriéndose a las peculiaridades en las costumbres y el habla, traduciendo “gaucho” como aquél que no tiene padres, confundiéndolo sin lugar a dudas con el vocablo “guacho”; del mismo modo Castro confundió “taita” con “tata”. Cuando se produjo la revolución militar del 6 de junio de 1943 la élite  intelectual fascista (cuyo máximo exponente era Gustavo Martínez Zubiría <‘Hugo Wast’, excelente escritor por otra parte>, nombrado Ministro de Educación y Justicia), quiso desterrar el lenguaje coloquial argentino aplicando la censura sobre determinadas palabras ‘lunfardas’ prohibiendo su difusión en radios y cines, y fundamentalmente en las letras de tango.
     
     
    De resultas de ello y tras la Resolución 06869 de 14 de octubre de 1943 se modificó el título y en algunos casos las letras de muchos tangos, de los que hago una breve relación:
     
     
    “El bulín de la calle Ayacucho” pasó a llamarse “Mi Cuartito” y comenzaba así: ‘Mi cuartito feliz y coqueto…’
     
     
    “Los Dopados” pasó a denominarse “En mi pasado”(posteriormente adquirió el nombre definitivo: “Los Mareados”).
     
     
    “Qué lindo es estar metido” con el cambio de nombre se llamó “Qué lindo es enamorarse”.
     
     
    “Tal vez será mi alcohol” al estar en una lista negra previa a esa Resolución, se retiró de la venta. Posteriormente se grabó el 13 de septiembre de 1943 como “Tal vez será su voz”.
     
     
    “OroMuerto” se transformó en “Jirón Porteño”.
     
     
    “La Casita de mis Viejos” tiene una grabación que hizo Cobián en 1944 para evitar la censura, denominándola “La Casita de mis
    Padres”.
     
     
    BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
     
    F. H Casullo: Diccionario de voces lunfardas y vulgares
    Enrique González Tuñón: Tangos
    César J. Tamborini: CHE, lunfardiadas.
    Carlos de la Púa: La Crencha Engrasada.
    Roberto Arlt: Las Aguafuertes Porteñas
    Francisco García Jimenez: Estampas de Tango

     
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